Declaración de fe

Creemos en un solo Dios, eterno y todopoderoso, creador de los cielos y de la tierra, que existe en tres personas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo (2 Corintios 13:14).

Creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, quien se encarnó por obra del Espíritu Santo, vivió sin pecado y murió en la cruz por nuestros pecados (Juan 1:1,14; Filipenses 2:6-8; 1 Pedro 2:24). Fue sepultado y resucitó al tercer día conforme a las Escrituras (1 Corintios 15:3-4). Hoy está sentado a la diestra del Padre intercediendo por nosotros (Hebreos 7:25; Romanos 8:34), y volverá en gloria y majestad para juzgar a vivos y muertos y establecer su Reino eterno (Mateo 24:30).

Creemos en la depravación del ser humano que, a causa de la caída, el hombre está espiritualmente muerto, esclavo del pecado y moralmente incapaz de volverse a Dios o agradarle por sus propias fuerzas (Efesios 2:1-3); su corazón está engañoso y necesita ser regenerado por la gracia de Dios. Aun así, conserva la dignidad de portador de la imagen de Dios, aunque ésta se halla profundamente corrompida (; Romanos 3:10-12; Romanos 8:7-8)

Creemos que todos los seres humanos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23), y que la salvación es un regalo de la gracia de Dios, no por obras, sino únicamente mediante la fe en Jesucristo y su sacrificio en la cruz (Efesios 2:8-9; Juan 14:6; Hechos 4:12).

Creemos que el Espíritu Santo convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8), y que es Él quien regenera, sella y vivifica al creyente, guiándolo a toda verdad y capacitándolo para vivir en santidad (Efesios 1:13-14; Juan 16:13; Romanos 8:11).

Creemos que la Biblia es la Palabra inspirada por Dios, suficiente inerrante e infalible, y que constituye la única regla de fe y práctica para la vida del creyente (2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21).

Creemos en la vida eterna: en el cielo como la morada gloriosa de los redimidos junto al Señor, que en la glorificación final seremos completamente libres de la naturaleza pecaminosa para estar eternamente en perfecta comunión con Dios. (Juan 14:2-3; Apocalipsis 21:3-4; 1 Corintios 15:52-57; Apocalipsis 22:3-5). Además, en la condenación eterna para quienes rechazan la salvación en Cristo (Mateo 25:46; 2 Tesalonicenses 1:8-9).

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